2026 - ¿Qué va a pasar?

2026


¡El año no ha empezado nada mal!

Aunque: en los últimos años se nos muestran cada vez con más descaro nuestros límites y, al mismo tiempo, vemos con creciente impotencia cómo los límites de aquellos bajo cuya tutela nos creemos se amplían cada vez más.

Durante el cambio de año, ¡hora de ver la tele!

Al final del año vi dos películas monumentales que muestran a la perfección la mentalidad obtusa de la mitad de los estadounidenses: la nueva «Una batalla tras otra», con Leonardo DiCaprio y Sean Penn, y —que sin duda merece la pena volver a ver— «La Jauría Humana», de 1966, con Marlon Brando, Robert Redford y Jane Fonda, entre otros. ¡Y merece mucho la pena volver a ver la serie de televisión Fargo! ¡Gran «cine»! ¡Y Sirát está nominada al Óscar!


Y luego, el 2 de enero, como un puñetazo en el ojo, ¡el ataque injustificable de Estados Unidos a Venezuela! Y además, el incomprensible discurso de los «líderes», los nuevos Rey Sol.

Después de Gaza y ahora Venezuela, parece que tenemos que convivir y seguir existiendo con un grupo de enemigos megalómanos, desvergonzados, locos y psicópatas en este planeta. ¿A dónde ha llegado este mundo? Ya no hay límites éticos ni morales.

Después de todas las amenazas al mundo y de esa conferencia de prensa autocomplaciente, ¡no me quedan más preguntas!

Es realmente una vergüenza. ¿Qué harán ahora todos los estadounidenses buenos, creativos e intelectuales que se encuentran en minoría? ¡Atrapados, amenazados y regulados en este país terrorífico!

¡Nueva forma, nuevo trémolo, nuevas pastillas!


Mi proyecto actual, que, como ahora estoy en Madrid, no podré terminar hasta febrero en Cádiz, donde puedo disponer de mi taller.

Y aún hay cosas bonitas en estos tiempos tan peligrosos:


Bob Cillo


Bob Cillo, que vive en el sur de Italia, ha publicado en YouTube un vídeo impresionantemente profesional sobre las guitarras Wandré. Bob es diseñador de vídeo y fotógrafo, y lo ha explicado e ilustrado todo de forma magnífica.

El resultado es perfecto: fotos y videoclips maravillosos, también con Gianfranco Borghi, el antiguo barnizador de la empresa. Además, el vídeo demuestra que Bob es un guitarrista excelente.

https://www.youtube.com/watch?v=xGXV1hWhmfg

La verdad sobre Groenlandia:


Aquí vemos al Cártel del Ártico, un grupo de focas groenlandesas que pronto serán atacadas por Estados Unidos por tráfico de drogas. A la derecha, un grupo de científicos americanos que ya está explorando el terreno.

Invenciones y tragedias


El afinador de pianos y la polea de desviación del trémolo de Harald Höntsch

A lo largo de los años, hemos recibido en repetidas ocasiones mensajes de personas que afirmaban haber ideado inventos importantes y que querían ofrecérnoslos para contribuir a nuestro éxito. Creedme, hoy en día no es fácil mejorar algo fundamental en la guitarra. Y, sobre todo, las ideas de los inventores están sujetas en primer lugar a su valoración subjetiva. Todavía recuerdo con simpatía un viejo cómic de El Pato Donald en el que un inventor entra en la oficina de Tío Gilito con los ojos brillantes y la mirada confusa para mostrar su exprimidor automático de zumo de naranja. Gilito se deja convencer y, en poco tiempo, toda su oficina se inunda de zumo de naranja.

Fue a principios de los años 80 cuando, con la misma mirada alocada, un inventor entró en nuestra casa para alabar tu afinador automático de guitarras. Se trataba de una combinación de algo que, en general, ya existía: un afinador conectado a un pequeño destornillador eléctrico para girar la clavija, que, siguiendo al afinador, debía afinar la cuerda correspondiente. Esto solo funcionaba con una precisión aproximada y yo objeté que quizá fuera mejor mirar el afinador y girar los botones mecánicos con los dedos, lo que prácticamente supuso la destrucción verbal de su idea. Pero para no frustrar del todo al inventor, le sugerí que desarrollara algo similar para un piano. Sus ojos se iluminaron brevemente y su boca formó la siguiente frase: «Bueno, si tú financias este proyecto, ¡también inventaré un robot que se meta dentro del piano!». ¡Ay, ay, ay, qué presuntuoso es el inventor! ¡Conectar un motor eléctrico a un afinador es lo más fácil del mundo! Es muy discutinle si algo así tiene siquiera «valor inventivo». Y desde luego ese chiflado nunca habría sido capaz de inventar un robot. ¡Son mundos completamente diferentes!

Por mi parte, ¡yo sigo afirmándolo hoy en día! Todas estas tonterías digitalizadas y electrificadas deberían tirarse a la basura. La empresa Gibson también ha sufrido pérdidas considerables por ello.

Y, qué bonito, este cartel en el garaje de Ungenio Tarconi: «INVENTOS DESCARTADOS». El caso es que no todos los inventos sirven para algo. Por ejemplo, hacer que algo que antes era fijo en la guitarra se convierta en AJUSTABLE, puede ser útil para las preferencias individuales del guitarrista, pero también puede provocar problemas mecánicos posteriores difíciles de prever.

En los años 80, en plena época de los mástiles continuos, los herrajes de latón y la obsesión por el sustain, apareció un personaje muy especial: Harald Höntsch, un guitarrista absolutamente encantador, fabricante de herramientas y, por supuesto, inventor.

Harald estaba convencido de que el gran fresado de la cavidad de los muelles en un trémolo tipo Strat era extremadamente perjudicial para el sustain: una interrupción de las vetas de la madera y una pérdida de masa justo entre el trémolo y el mástil.

De ahí surgió su idea de colocar los muelles del trémolo detrás del propio trémolo, algo que solo podía lograrse mediante las llamadas poleas de desviación. Cables de acero, conectados al bloque del trémolo, pasaban por una polea hacia la parte trasera del cuerpo, donde se fijaban los muelles Fender convencionales, alojados ahora en cavidades menos "dañinas".

Armado con esta idea, con las reivindicaciones de la patente y con varios prototipos, Harald recorrió durante años la feria de música de Fráncfort como un autómata, tratando de encontrar compradores para su invento:
«¿Qué tal un trémolo con polea de desviación para trémolos Strat?».

Por desgracia, en Harald se percibían a simple vista su obsesión y su confusión, lo que hacía que los posibles interesados no lo tomaran en serio desde el primer momento, se rieran de él y, además, no entendieran su idea —posiblemente bien fundamentada— por pura falta de conocimientos técnicos. «¿Qué quieres, chalado?».

Aun así, parece que llegó a recibir una oferta de una empresa coreana —creo que Samick— por unos 800.000 marcos alemanes. Harald, sin embargo, quería un millón y rechazó la propuesta. Así que, además de todo, aquel espíritu enloquecido era completamente incapaz de hacer negocios.

Para financiar los prototipos, las patentes, las tasas del stand en la feria y demás gastos, Harald tuvo que hipotecar su casa y su finca… sin recuperar jamás ni un solo céntimo.

Harald falleció hace tres años, pobre y afligido.
Conclusión: para tener buenas ideas y llevarlas a la práctica, hace falta al menos el dinero necesario. ¡Qué mundo tan cruel!

Es una locura hasta qué punto las personas, obsesionadas con una idea descabellada, pueden lanzarse a este tipo de aventuras sin tener en cuenta las pérdidas.

También estaba Lars Liebchen, que poseía patentes para TODO sin haber obtenido jamás ningún beneficio de ellas.

A decir verdad, yo también he caído en los mismo a veces. Aun así, algunos de mis «INVENTOS DESCARTADOS» no eran en absoluto descabellados. Por ejemplo, mi patente de barniz para lijar, que fue copiada por un fabricante de instrumentos musicales de Franconia —el de la “W”— y  que fue registrada por su parte.

Ya en 2013 desarrollé también un trémolo envolvente con una reductora de levas que sonaba de maravilla y que, pese a la alta tensión de las cuerdas, funcionaba de un modo tremendamente suave. Sin embargo, fue descartado en su momento por las dudas en mi empresa.

Ahora he retomado esa idea, he perfeccionado el diseño y la tecnología…
¡y pronto lo verán!



NAMM 2026


¡Todo bien, incluso sin mí! ¡Todo «awsome»! Y ni en Anaheim ni en Fullerton hay presencia del ICE. ¡Parece que solo están matando en Minneapolis!
¡A ver qué pasa! Quizás los ciudadanos honrados cojan pronto las armas y ametralladoras que tienen en casa, se escondan detrás de vallas y arbustos y acaben con todo el ICE con ráfagas de metralleta. Guerra civil. ¡Muchas gracias!

Y como dijo tan acertadamente Billie Eilish: nadie es ilegal en una tierra robada!